miércoles, 15 de agosto de 2007

Camino


Capítulo 1º: El guardian de los caminos

Aquí estoy, perdido en mitad de la oscuridad y sin lugar a donde ir. La venida ha sido relativamente sencilla, compuesta de sino, sentimientos y placeres destrozados. He devorado los restos de mi humanidad en un solo instante y he padecido la rabia calándose en mis huesos durante toda una vida. Como resultado he dado con ellos contra lo más profundo de un subconsciente ajeno a todo lo que daba por real. Por lo tanto solo puedo creer que me hallo en dirección totalmente opuesta.

Me asfixia la oscuridad, una negrura tangible y fría como la piedra, se escurre entre los dedos como el barro húmedo. Esta oscuridad flota por todo como una espesa capa de niebla. Giro a mi en derredor y acabo completamente desorientado. No hay estrellas en el cielo, no hay cielo sobre mi cabeza, ni tierra bajo mis pies. Estoy flotando y a la vez me hundo en la profundidad de la ausencia del todo. Entonces una luz rompe el esplendor de mi auto compasión, las olas de tinieblas me escupen de las profundidades y agarrado a sucias y oscuras alas de nubes azabache desciendo lentamente hasta el núcleo de una tormenta luminiscente que antagoniza al mundo que me rodea.

Un gran fanal apoyado en un soporte metálico. El hierro forjado, nacido de la oscuridad en si, se tuerce y contrae adolorido por el foco de luz que lo corona. Bajo la luz una figura ataviada toscamente con una túnica marrón y con el rostro oculto bajo la capucha se percata de mi presencia y me hace un gesto para que me acerque. Me acerco.

-Bienvenido-Me dice-. Estos viejos ojos no acostumbran a ver muchos visitantes por este lugar.

-¿Cuánto tiempo llevan esos ojos aquí?-Pregunto a modo de introducción-.

-Nací de la oscuridad-Me responde la figura-, solo ella sabe cuanto tiempo llevamos aquí.

-¿Qué lugar es éste?-Temo por un instante tener un número limitado de preguntas, pero descarto la idea de inmediato-. ¿Dónde nos encontramos?

-Yo me encuentro en casa, por el contrario tu no estas en ningún lugar-. Anteponiéndose a mí, continúa explicando-. Te has perdido, eres un pedazo de realidad extraviado. Un resto regurgitado de una existencia que jamás te quiso-Las palabras son duras y me comienzo a marear-. Has abandonado lo que conocías para pasar a otro nivel de ser, a otro lugar que te corresponda y al que correspondas.

-¿Y es aquí ese lugar?

-No

-¿Dónde se encuentra, pues, ese lugar?

-No lo se.

-¿No lo sabe?- Me percato de que hasta el momento solo he planteado preguntas y me siento ridículo. Intento arreglarlo-. Es decir, si he abandonado mi camino y estoy aquí es por que aquí ha de estar mi lugar. O en todo caso, desde aquí he de llegar, esto debe ser otro punto, otra parada en el trayecto. Una especie de comienzo.

-Esto solo es final, hijo-Me responde con voz serena-. O en el mejor de los casos, el principio del final. Pero el camino... El camino es en dos direcciones.

¿Qué camino?-vuelvo a hablar interrogativamente. Recibo la respuesta a mis palabras con un gesto de su brazo cubierto de tela. La oscuridad se aparta a un lado y la luz de la farola juega con las sombras marcando una senda y construyendo paredes de oscuridad a sus lados. El rastro se pierde en la oscuridad.

-Esto es el fin- repite con un gesto que abarca el circulo de luz que nos rodea- Así pues has venido desde antes del fin. Este es el fin del camino-Ahora señala la senda que se acaba de abrir- Si lo retomas regresaras al principio.

-Pero vengo de allí. No deseo regresar.

-No sería un regreso. Más bien un “no haber llegado al fin”

-En esencia es lo mismo, acabaría en el mismo lugar.

-El lugar sería el mismo, pero el momento es la esencia que los diferencia.

-No eludas la cuestión-Me sorprendo a mi mismo enojado-. Muéstrame otra solución.

-No hay más soluciones-Dice mientras el camino desaparece bajo una colisión de olas de oscuridad-. Pero si quieres, puedes probar otras.

-Entonces hay más soluciones.

-No.-Bajo la capucha intuyo un rostro reflejando tristeza.-. Pero debe haber más caminos. Alguno de ellos tal vez tenga otro principio para regresar.

-¿De veras?

-Tal vez.

-Muéstramelos pues

Con un gesto describe una circunferencia con la diestra sobre nuestras cabezas. La luz del farol se torna inestable y estalla en un resplandor incandescente. Cada rayo de luz golpea una masa de negrura y la cercena. De la oscuridad se oyen gemidos de dolor y mientras se abren caminos entre la oscuridad, todo la masa que nos rodea se estremece, se agita sobre nuestras cabezas y tiembla bajo los pies. La luz retorna a su estado original y al mismo tiempo los gemidos y los temblores cesan. La materia oscura que forma paredes en los caminos palpita en silencio y resulta imposible determinar cuantos caminos, todos iguales, se han abierto. Me giro y pregunto al hombre.

-¿Dónde llevan?

-No tengo manera de saberlo. Algunos estaban aquí antes de que yo llegase. Otros aparecen y desaparecen. Con el tiempo todo se vuelve muy confuso, pero están todos, no he perdido nunca ninguno.

-Entonces esto es como ir a ciegas.

-Podrás ver donde comienza el camino desde lejos. Puedes volver aquí si lo deseas.

Expiro el poco aire que me queda mientras giro mirando los caminos. Elijo uno, no por que sea distinto a los demás ni por que tenga alguna señal y menos aún por una corazonada. Aspiro fuertemente y mientras me dirijo hacia el extremo del camino hincho pecho y pulmones. Atravieso el umbral de oscuridad y me conciencio a mi mismo del motivo por el que lo he elegido. Sencillamente porque por alguno tenía que empezar.

0 comentarios: