miércoles, 6 de junio de 2007

Prisionero

Aquí me encuentro, encerrado en una prisión de piedra y desespero. Mi única compañía es mi vieja guitarra y el lúgubre sonido del crepitar de huesos, distorsionando todas y cada una de mis melodías, transformándolas en lloros y lamentos. Mi crimen fue cantar lo que siento en un mundo donde sentir está prohibido. Aquellos que habitan el exterior de estos muros están más muertos que los esqueletos malditos que deambulan por los corredores de mi mazmorra. Sus almas pesan más que los grilletes que arrastran sus huesudos pies. Almas de piedra que les arrastran hasta el fondo de un mar de hastío.

Nos encerraron, a mis consumidos compañeros y a mi, para morir y borrar nuestras pasiones. Ellos caerán uno tras otro presas de su opresión y límites. Pero yo permaneceré aquí en la cárcel donde me encerraron. Los sentimientos que me prohibieron se mantienen a flor de piel. Sé que con el tiempo esa piel se endurecerá y cuando la carne se separe de mis huesos será lo único que los mantenga unidos. Entonces deambularé por los pasillos con mis escuálidos amigos. No muertos, sino vivos como puro sentimiento. Antaño tal vez de amor y felicidad, pero en ese momento de odio y venganza. Eventualmente los muros que nos aprisionan caerán y saldremos a la luz como lo que fuimos y seremos. Para bien o para mal, su mundo no volverá a ser el mismo.

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