Juguemos a despreciar.
Yo te desprecio, tu me desprecias, nosotros nos despreciamos…
Despreciar está de moda.
Despreciemos a los que son diferentes a nosotros, por ser extraños.
Despreciemos a aquellos que son iguales a nosotros, por su falta de originalidad.
Despreciemos a los que tenemos cerca y a los que se encuentran lejos por igual.
Despreciemos a los que nos quieren, y mejor aún despreciemos a aquellos que nos odian; despreciemos a los que nos aprecian y, ¡por supuesto! Despreciemos a los que nos desprecian.
Despreciemos a quién sonríe; no se merece esa felicidad, y despreciemos al que llora porque nosotros estamos en peor condición.
Despreciar es divertido y me hace sentir tan bien.
Desprecio a todo el que se siente mejor que yo.
Despreciemos a quién escribe las palabras y al que las pronuncia. Despreciemos con más razón a quien las calla.
Despreciemos al débil por ser inferior y al fuerte por hacernos sentir inferiores.
Despreciemos a aquel que nos ama y, con más motivo, a los que nos han amado. Y entonces, por si acaso, despreciemos también a los que tal vez puedan amarnos en el futuro.
Despreciemos sin olvidar el significado de la palabra.
Despreciemos a quienes nos engañan con mentiras y despreciemos a los que nos hieren con sus verdades.
Despreciemos a los que piensan igual y despreciemos a los que piensan diferente. En general, despreciemos a todo aquel que piensa, y para ser equitativos, despreciemos a los que son incapaces de hacerlo.
1 comentarios:
Es una historia despreciable xDD.
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